El papel del docente en educación artística desde una perspectiva crítica y feminista

EL PAPEL DEL DOCENTE EN EDUCACIÓN ARTÍSTICA DESDE UNA PERSPECTIVA CRÍTICA Y FEMINISTA

Autora: Rut Martínez López de Castro. Profesora Asociada del Área de Expresión Plástica de la Universidad de Vigo

Foro Arte, Cultura e Educación - ComunicaciónRecuperar el poder en la Escuela implica una educación como acontecimiento ético defendida por Bárcena & Mélich centrada en la razón anamnética. Una educación basada en la memoria que tiene el compromiso de ir más allá de nuestro yo silencioso y descubrir la alteridad del Otro en tanto que otro.

Por ello, recordar para los docentes, es una ética de descubrimiento e invención de uno mismo y de los otros, “una recuperación cultural”.  Esto nos va a permitir una educación liberadora y no excluyente que posibiliten experiencias artísticas para el empoderamiento. Esto es comprender la educación como un acto político. Comprender que la educación requiere de autorizar(se) y visilizar las relaciones desiguales de poder que operan en la sociedad, y que la educación y el arte reproducen con una aparente neutralidad y objetivismo.

Ética del descubrimiento ¿Quienes somos?

En primer lugar, nos vamos a detener en pensar y a examinar quiénes somos como docentes, mujeres, artistas. Cuáles son nuestras relaciones con nosotr@s mism@s. Según Foucault es una acción ética de “cuidado del si”. El “cuidado del sí” no significa simplemente interesarse por uno mismo, como tampoco una tendencia a la autoestima o autosafisfacción. El “cuidado del sí” es una ética de descubrimiento e invención de uno mismo. Este planteamiento nos lleva a reflexionar sobre dos  cuestiones. La primera, nuestra relación con los régimenes de verdad en torno a la educación y el arte a través de los cuales nos constituimos como sujetos de conocimiento. Y segundo, relacionada con lo anterior, nuestra relación con las relaciones de poder y la ética.

Dice Gore que nos hemos constituido como portadores y poseedores de conocimiento, como sujetos que actuamos sobre los otros, -nuestros estudiantes- y sobre la forma que actuamos sobre ellos.

Una pedagógica crítica esta atenta a los que ya se ha dicho, la historia de educación, la pedagogía o la historia del arte, pero a a su vez es responsable de lo que queda por decir. No descuidar la ética, es no poner en primer plano lo que tienen que decir y hacer los demás, dejando de lado lo que tenemos que decir y hacer nosotr@s mism@s.

Tomar conciencia de que nuestra experiencia del género se ha constituido sobre el patriarcado y una visión androcéntrica que ha colonizado nuestra manera de percibir, pensar, desear o actuar. Esto exige una responsabilidad personal como docente y mujer hacia nosotras mismas para no seguir siendo el “Otro”, para aspirar a trascender el binarismo de género que justifica una concepción asimétrica de los sexos.

La pregunta es cómo deben de actuar las mujeres sobre sí mismas como profesionales feministas. La respuesta, dice Gore es problematizar sobre una parte del yo que ha sido colonizado por el patriarcado. Problematizar sobre cómo nos afecta la cultura patriarcal y sus estructuras históricas en nuestra subjetividad e identidad de género y profesional, y cómo nos influye en la visión que queremos proyectar de nosotr@s mism@s.

Esta atención prestada a la “relación con el yo” prestada a la ética que da Foucault nos lleva a crear una autoafirmación femina cuyo punto de partida sea la reinvención de nosotras mismas, de la subjetividad femenina como un acto de autolegitimación en el que el hecho de ser mujer-docente tenga una connotación positiva y cuyo punto de partida es la afirmación de Adriana Cavarero de que “la mujer debe ser algo más que un no-varon y diferente de un no-varón”  y cuya táctica epistemológica y política sea la potenciación de lo femenino

“Autoridad con” entre docentes y estudiantes

Foro Arte, Cultura e Educación - ComunicaciónEsta potenciación del yo puede conducirnos a una autoridad liberadora que nos recoloca en una posición diferente ante y con nuestros estudiantes. Desde la perspectiva crítica se reivindica pasar de una “autoridad sobre” a una “autoridad con”. La “autoridad sobre” es  jerárquica y en ocasiones dogmática. El docente y los estudiantes están en bandos diferentes. El docente es el experto sobre arte, el responsable de enseñar a ver,  promover experiencias artísticas y plantear ejercicios. En esta relación los estudiantes son los aprendices, un grupo homogéneo donde no se tiene en cuenta sus características individuales, sus referencias sociales  o las necesidades edicativas propia. Los estudiantes estarían subordinados al papel del docente.

La “autoridad con” es una relación dialógica horizontal entre docente y estudiantes configurada mediante la confianza mutua. Desde esta perspectiva el docente y estudiantes se reconocen como actores, que juntos, participan en el proceso de reelaboración de sus experiencias en torno al arte.

El docente deja de ser un mero transmisor de conocimientos para propiciar experiencias artísticas reflexivas y críticas. Un docente atento que reconoce y valora la diversidad de los estudiantes, sus deseos, necesidades, intereses, subjetividades para centrarse en aprendizajes experienciales y vivenciales. Un generador de diálogo para facilitar experiencias artísticas reflexivas y críticas. Y los estudiantes son participantes activos con derecho a hablar y representarse a sí mismos en el proceso de aprendizaje, y a su vez tienen que aprender a reconocer al otro en su diferencia.

Consideraciones finales para una práctica pedagógica artística responsable con las desigualdades sociales y de género

La práctica es una oportunidad para examinar, analizar, poner entre parántesis, deconstruir o destruir discursos y concepciones basados en un modelo de educación hegemónica, o como diría Freire en una educación bancaria donde el objetivo es  transferir, transmitir valores y conocimientos para la homogenización de las personas. Hoy, en un mundo cambiante de identidades nómadas y diversas como docentes debemos orientar la práctica educativa hacia un acto permanente de desvelamiento y reflexión hacia el reconocimiento y el desvelamiento de la exclusión social por motivos de género, clase social, étnia u otros conflictos de identidad.

A modo de conclusión, sugiero una serie de consideraciones en torno a la educación artística,  con el objetivo de facilitar experiencias artísticas reflexivas y críticas hacia una educación liberadora:

  • Considerar que los estudiantes estan constituidos por identidades nómadas, cambiantes e inestables. En este contexto móvil, nos compromete como docentes a movernos de manera flexible entre los estudiantes.
  • Desafiar las pautas del sistema dual educador/alumno o Arte/artes. Un sistema dominante de pensar y percibir el mundo que reduce y desvirtua la complejidad de la educación artística. Cuyo efecto será posicionarnos en sujetos sometidos de conocimiento que reduce nuestra capidad de subvesión, pero también con un rol prefijado en nuestra relación docente-alumnado como agentes morales sobre el aprendizaje y la experiencia del alumnado.
  • Aspirar como docentes a transcender la repetición de la identidad de género hegemónica por medio del uso de un lenguaje inclusivo que haga que tod@s se sientan representand@s.
  • Conformar un espacio de diálogo entre los estudiantes desde una “autoridad con” para hacerles participes y responsables de su aprendizaje. Además, como docente tener una posición móvil y atenta a las demandas de los estudiantes.
  • Facilitar experiencias reflexivas críticas en torno a las relaciones de poder que circulan por las artes, ya que estas crean maneras de mirarnos y mirar el mundo.
  • Hacer visible la ideología carismática, la base en la que se asienta la creencia del genio creador y da valor simbólico a una serie de artistas y obras de arte excluyendo las aportaciones artísticas de otros. Como docentes debemos recuperar las voces y las artes de muchas mujeres artistas o “no occidentales” silenciadas en la historia.
  • Y por último, deconstruir la dualidad de la diferencia sexual defendida por la teoría sexo/género y los discursos androcéntricos que nutren la educación y el arte. Para ello, es necesario como docentes que capacitemos a los estudiantes en una posición reflexiva y crítica ante la cultura visual como legitimadora de una feminidad y masculinidad normativa para que puedan decidir o plantear resistencias.

Bibliografía

1. Bárcena, F. & Mélich, J. C. (2000): La educación como acontecimiento ético. Barcelona: Paidós

2.  Giroux, A H. (2001): Cultura, política y práctica educativa. Barcelona: Graó

3.  Foucault, M (2003): Vigilar y Castigar. Argentina: Siglo Veintiuno (1975).

4.  Gore J.M (1996): Controversias entre las pedagogías. Madrid: Morata

5.  Mayobre, P.  (2006): La formación de la Identidad de Género. Una mirada desde la filosofía. Educación Social e Igualdad de Género. Julio. Pp. 21 – 59.

6.  Hernández, F. (2007): Espigado@s de la cultura visual. Otra narrativa para la educación de las artes visuales. Barcelona: Octaedro.

7.  Freire, P. (2002): Pedagogía del oprimido. Uruguay y Madrid: Tierra Nueva y Siglo Veintiuno. (1970, 1997, 2000)

8.  Valencia, A.& Jaramillo, W. (2014): Prácticas pedagógicas no excluyentes, desde la perspectiva de la pedagogía crítica. Revista Internacional de Educación para la Justicia Social. Nº4. Pp. 89-110.

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